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Con este blog pretendo rellenar los huecos de este apartamento\"apartamiento" de hastío, absurdidad y diminutos espacios de imágenes, palabras y sonidos. Quizá este blog -como apartamento\"apartamiento" de espera de espacios vacíos- sólo gire en torno a una imágen de Stroszek subiéndose a un teleférico extranjero mientras su coche gira sin parar, mientras unos animales reales empiezan a bailar dentro de máquinas siguiendo simples melodías. Puede que Stroszek se monte en el teleférico para, simplemente, llegar al apartamento\"apartamiento" de C.C. Baxter y jugar una continua partida de cartas sólo, mientras Baxter espera en la cocina con una raqueta de tenis a que la pasta esté preparada. Quizá no. Puede que no; puede que sólo se quiera ir con su escopeta.
Éste es el blog como edificio. Lo demás irá apareciendo, y sólo será una prueba de reconocimiento de este espacio deshabitado, de este apartamento\"apartamiento" de cotidianeidad.

viernes, 12 de noviembre de 2010

La vida ha de ser más que esto y esto es una mierda


Escuchad esta canción, Caroline Says II del Berlin de Lou Reed, después de haber escuchado las seis primeras canciones del disco y antes de escuchar las tres últimas -el video pertenece al documental de Julian Schnabel, basado en una serie de conciertos en los que Lou Reed interpretó el Berlin de principio a fin, añadiendo tres canciones: Candy Says, Rock Minuet y Sweet Jane-.

Reflexiones: 

1.- El mejor disco de Lou Reed en solitario (y no me olvido del Street Hassle, el Transformer, el The Blue Mask, el Legendary Hearts, el New Sensations y el New York).
2.- No entiendo las malas críticas que ha tenido durante años.
3.- La belleza reside entera en el caos y la oscuridad.
4.- Ver documental de Julian Schnabel para entender de veras lo que significa este disco.

jueves, 11 de noviembre de 2010

William Eggleston: realismo de colores -y, también, de des-echos-.

Rostro de William Eggleston

 No tengo mucho que decir de este fotógrafo que parece poseído por el espectro faulkneriano de la América profunda. Sólo que disfruteis de una realidad, la realidad de Eggleston, maestro del color y de la maravillosa y bella rutina de la basura, de los coches, de las parejas, de los ancianos estadounidenses.

Existe una libertad




 La elegancia en un bordillo


Desnudos de cuerpo y de metal

Espera después del cine

Comida en asientos rojos

Lo que hay debajo de una cama no son monstruos, son zapatos

Juguete roto

Primeras lecturas

El revés del olvido

Un café y dos cigarros

Un altar de América

Al borde del camino

Media televisión dentro de un espejo

Comidas separadas

La libertad de una bicicleta

Caminos que se juntan en la sucursal de un banco



El lunes vi de nuevo 71 fragmentos de una cronología del azar de Michael Haneke. He vuelto a no asegurarme de la veracidad del título. Y vuelvo, dos noches después a hacerme la misma pregunta, "¿Serán setenta y uno los fragmentos?". Tendré que verla otra vez -por tercera vez- para averiguarlo. De lo que estoy seguro es de que los sujetos de la película volverán a tropezarse con el absurdo azar; maldito movimiento del mundo.




El realismo sucio del director vuelve a centrarse en el hastío y rechazo del mundo, en la violencia que no cesa por ser natural "de necesidad". La sangre no solo mana de los cuerpos que mueren; también de aquellos que sin morir quedan muertos por fuerzas de soledad, abandonamiento y espera.




Y, por supuesto, Haneke vuelve a intentar irritarnos con planos largos, muy largos; aunque no lo suficiente como para renegar de ellos. Son pura imágen de rutinas, siempre descarnadas bajo la atenta mirada de un director que observa -y presta sus ojos- con frialdad -casi inhumana-, distanciamiento -casi temible- y documentalidad -¿será el banco que hace esquina con nuestra esquina?- la vida de una decena de individuos hastiados, molestos, iracundos, tristes, finales.
Quien no la haya visto que intente verla; quizá durante 71 fragmentos se sientan cansados de ser hombres; aunque no lo suficiente como para dejarse llevar por el maldito azar.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Stroszek (o la inevitabilidad del rechazo)



Decir rechazo es decir náusea, es decir hastío, es decir odio, es decir la no-existencia; es ser extranjero en la sociedad dada por la obligación de un nacimiento. Decir rechazo es decir apartamiento, es decir soledad, es decir rechazo a la sociedad que ha rechazado; es ser doliente, sufriente, cansado. Individuo que ha dejado de ser en no-libertad. Ahora tan sólo es una imágen que se tambalea de un lado a otro, como imitando el contoneo metalizado de un teleférico atorado de dejadez y de ciertos lamparones de óxido. Es ahora, dentro de esta imágen, donde la libertad de un individuo -llamémosle Stroszek- se revela en forma de escopeta.

Ya no hay nada en el recuerdo




Hacía tiempo que no veía esta pequeña grabación de una de los poetas más maltratados, tanto por sus enemigos como por sus pseudo-seguidores, quienes dicen de él que es el más alto -no como descripción de medidas métricas sino como descripción de medidas literarias- de los poetas malditos -maldita nomenclatura, malditos nomenclatores- de la literatura. Sobre todo, son odiosos los continuos actos de "amor" de los últimos. No deben haber sentido nunca el acceso de vómito que Leopoldo María Panero presenta con sólo escuchar las primeras letras de la palabra "maldito".
Este video contiene un poema de Leopoldo María Panero leído por el mismo Leopoldo María Panero. El poema es este poema:

Aquí estoy yo, Leopoldo María Panero
hijo de padre borracho
y hermano de un suicida
perseguido por los pájaros y los recuerdos
que me acechan cada mañana
escondidos en matorrales
gritando por que termine la memoria
y el recuerdo se vuelva azul, y gima
rezándole a la nada porque muera.

El poema ya no es nada, ya no es recuerdo sino en su voz; en su castigada voz de fumador de cigarrillos eternos -"Fumo mucho. Demasiado./ Fumo para frotar el tiempo y a veces oigo la radio/ y oigo pasar la vida como quien pone la radio./ Fumo mucho. En el cenicero hay/ ideas y poemas y voces/ de amigos que no tengo. Y tengo/ la boca llena de sangre, [...]"-. Ya no es nada como tampoco es nada el loco que castiga los folios en blanco buscando que los bolígrafos se agrienten entre sus dedos, se difuminen como tinta azul ya seca. Sigamos con nosotros, seamos un poco Leopoldo María Panero.